Jueves 29 de Septiembre del 2016
Google+ Pinterest
sponsors 1; 2

Salidas para la crisis


¿Salir de la crisis?.
Opinión de Manuel Castells.

Y si no hubiera salida? Al menos con el modelo económico actual. Algo que se reconoce al repetir por doquier que “ya nada será igual”. Las medidas de austeridad aprobadas por el Gobierno español a instancias de la UE y Estados Unidos señalan el fracaso de las tradicionales políticas keynesianas de aumento del gasto público para compensar la caída de la demanda privada debido a la restricción del crédito.

¿Y ahora qué? Pues a sobrevivir y esperar que pase el temporal. Porque en la rebotica se agotaron las recetas. Ganar tiempo mientras se reactiva la economía mundial. El problema es que no se sabe de dónde puede venir dicha reactivación. Alemania se instala en su propia austeridad, el Consejo Europeo impone disciplina fiscal en toda la Unión so pena de expulsión a las tinieblas exteriores a la zona euro, allí donde pululan pesos, pesitos y pesetas sin que nadie te los cambie. EE. UU. tiene un enorme déficit fiscal y una deuda pública impagable a medio plazo y sólo se salva de la intervención del FMI porque es su amo. Aunque el incremento de productividad impulsa un repunte estadounidense, ello se traduce en mercado para los países emergentes, nuevos centros de acumulación de capital. España es el último país en el que piensan los inversores extranjeros en este momento. Es más, nos hemos convertido en la última línea de defensa del euro y por consiguiente el margen del Gobierno en política macroeconómica es nulo.

Podría pensarse en nuevas formas de relación entre economía y sociedad.
Y aquí es en donde tenemos las carencias más graves. Faltan imaginación, conocimiento y audacia.

Nos hemos quedado en apretar unos pocos botones de acción sobre la economía y cuando ninguno funciona vamos poniendo parches esperando que nos salve el mercado, esa nebulosa impredecible que se resiste a modelizaciones basadas en supuestos arbitrarios. ¿Y si experimentáramos? Porque, de perdidos, al río. Por ejemplo, lo primero que se piensa es en bajar los sueldos en el sector público. Lo cual reduce demanda, cabrea al personal y arriesga una paz social esencial en tiempo de crisis.
¿Por qué no compensar la bajada de salarios reduciendo horas de trabajo, con criterios pactados con los sindicatos?
Macroeconómicamente es igual, pero microsocialmente cambia mucho, sobre todo para mujeres con triple jornada. La productividad en el sector público es baja, con reorganización y tecnología se podríamantener el nivel de prestación de servicios con menos tiempo. Si el invento funciona, podría tener un efecto de demostración sobre el sector privado. Para que funcione hace falta un cambio cultural, porque el tiempo libre se traduce en aburrimiento cuando se está acostumbrado a vivir para consumir. La potenciación de actividades lúdicas y creativas por la sociedad y la administración local podría coadyuvar a valorar el tiempo como expresión de vida.
¿Congelar pensiones?

Es un parche a corto plazo que no resuelve el gran problema: una insostenible tasa de dependencia que no cesa de aumentar (47 dependientes por 100 activos). Solución: incrementar la productividad por activo y subir la edad de jubilación.

En lugar de un límite de edad igual para todos, injusto y poco eficiente, se podría plantear, a partir de los 60, una jubilación flexible alargando más allá de los 70 la actividad a quienes quieran y puedan. Esto implicaría controles de capacidad profesional a partir de cierta edad (como con el carnet de conducir) y cursos de reciclaje para evitar la obsolescencia de la fuerza de trabajo.
Lo que no va son las prejubilaciones incentivadas que disminuyen activos y aumentan pasivos antes de tiempo por conveniencia de empresas y administraciones. Aumentar años de trabajo de los mayores no quita empleo a los jóvenes, pues los datos muestran que son dos mercados de trabajo distintos.

En cualquier caso, crear empleo sigue siendo la base del equilibrio fiscal y del bienestar social.

Para ello lo más eficaz es incentivar el emprendimiento y las pymes, principales fuentes de empleo y de innovación.
Parte de las ayudas a grandes empresas en industrias condenadas por la deslocalización se debería reconvertir en financiación de capital riesgo a disposición de emprendedores . Y es aquí también en donde podría centrarse la reforma laboral. A saber, flexibilizar el contrato laboral según la dimensión de la empresa, para que las pymes puedan disponer de mayor margen de maniobra en la gestión de su personal. Asimismo, fiscalidad y contribuciones a la Seguridad Social deberían ser más favorables para las pymes. En lugar de reglas burocráticas de contribuciones al Estado por igual para todas las empresas, se trataría de establecer un sistema variable y negociado que favorezca a las empresas que crean empleo en lugar de penalizarlas.
En fin, el aumento de la productividad es la clave.

Sólo se puede salir de la crisis con un incremento sustancial de la productividad que abarate costes y aumente calidad y competitividad. Productividad por hora trabajada, que puede ir compaginada con reducción del tiempo de trabajo, en consonancia con la experiencia histórica. Incremento de productividad quiere decir inversión en I+ D y en mecanismos de transferencia a las empresas; innovación tecnológica y organizativa del sector público, empezando por sanidad y enseñanza, agujeros negros de la productividad y bastiones de rutina burocrática; desarrollo de la cultura emprendedora en las universidades; y fiscalidad al servicio de la inversión productiva.

El reverso de la medalla: ponérselo difícil al sector inmobiliario, lastre de nuestra economía, y aplicar, con el resto de Europa, un nuevo impuesto a las transacciones financieras que reporte pingües ingresos y limite la especulación.
Salir de la crisis podría ser posible, pasando por la necesaria austeridad, si recuperamos los orígenes del emprendimiento industrial y los mezclamos con la nueva economía de valor tiempo. No es utopía, hay brotes en toda la geografía económica.
Lo utópico, y peligroso, es empeñarse en restaurar un capitalismo financiero virtual que agotó su curso histórico.

Manuel Castells
Sociólogo y profesor universitario, catedrático de Sociología y de Urbanismo en la Universidad de California en Berkeley, así como director del Internet Interdisciplinary Institute en la Universitat Oberta de Catalunya.
Publicado en: La Vanguardia

En Positivo no se identifica necesariamente con las opiniones publicadas que reflejan el pensamiento del columnista excepto, cuando los editoriales o artículos son firmados por la propia redacción.

1 comentario

  1. Alberto Responder

    Muy interesante, pero a ver cómo se lo explicamos a Zapatero o a Merckel, que me parece aún más difícil. Lo dicho me ha gustado

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>