Lunes 26 de Septiembre del 2016
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La lengua nos une


América latina, la independencia y un lenguaje común.
Opinión de Carlos Fuentes

Las fronteras nos separan y la lengua nos une, eso debemos celebrar en 2010: la unidad esencial que el castellano nos procura.
Durante el Encuentro de las Academias de la Lengua Española en Rosario, hace pocos años, un grupo se manifestó en contra del castellano como lengua del conquistador y a favor de los idiomas precolombinos. Mi pregunta, entonces y ahora, fue esta: ¿y en qué lengua se entienden un maya de Yucatán y un quechua de Perú? La respuesta: en castellano, que es la lengua común a todos, y no en maya o en quechua, habla privativa de un solo pueblo y una sola nación.

Al conmemorar el Bicentenario de las independencias hispanoamericanas, conviene reafirmar que nuestra cultura se ha desarrollado con rasgos raciales diferentes: más indígenas en México y Guatemala, en Ecuador, Perú, Bolivia; más europeos en el Cono Sur; más afroamericanos en Brasil y en el Caribe. También los sistemas políticos han diferido y difieren, de dictaduras personalistas a democracias representativas. Las fronteras nos separan.

Y la lengua nos une. Si algo debemos celebrar en 2010 es la unidad inicial, esencial que el castellano nos procura. Digo “castellano” porque en la propia España vascos, catalanes y gallegos reclaman una lengua propia. Sólo el castellano nos reúne a todos nosotros, los hispanoamericanos. Esto no significa desprecio o exclusión de las lenguas prehispánicas. Todo lo contrario: la universalidad del castellano, por suerte, por tenerla, dio cabida a todas las lenguas anteriores al castellano en las Américas.

Recordemos solamente que las lenguas del centro de México fueron salvadas por Bernardino de Sahagún y Vasco de Quiroga en el siglo XVI y, hoy, por el padre Angel Garibay y su traducción de la poesía náhuatl de México.

Las fechas de la independencia son, así, fechas de la lengua que nos une -el español- y de las lenguas que nos diversifican -náhuatl, maya, zapoteco, quechua, guaraní, mapuche-, a las cuales hay que añadir las voces de origen africano que, despojadas de sus orígenes, vinieron a enriquecer el habla europea de las Américas.

Carlos Fuentes
Publicado en: La Nación

En Positivo no se identifica necesariamente con las opiniones publicadas que reflejan el pensamiento del columnista excepto, cuando los editoriales o artículos son firmados por la propia redacción.

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