Miercoles 28 de Septiembre del 2016
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Caballos que curan a niños


Caballos capaces de curar a niños.Gabriel llega cinco minutos antes de las cuatro y salta de los brazos de su padre a los de Pablo, su profesor de equitación. Es su hora de ocio. Con cuatro años, no es consciente de que practica una terapia para mitigar su parálisis cerebral infantil. Carlos y Marta, sus padres, han comprobado que, para el niño, no es lo mismo aplicar una terapia en una sala cerrada que al aire libre, en plena naturaleza, a lomos de un caballo. Gabriel acude una vez por semana a la finca del Club Hípico de San Luis, justo a la entrada de Villanueva del Pardillo, un pueblo al noroeste de Madrid. “Él viene a ver a su profesor y a montar en su caballo Tábata”. Pablo es el que le hurga para ver sus inquietudes y motivarlo. Tanto a Gabriel como a cada uno de sus alumnos. “Cada niño es un mundo. Pero si no hay motivación, no hay nada que hacer”.La terapia ecuestre aprovecha todas las cualidades del caballo para mejorar la condición física, intelectual y emocional de los niños. Es saludable para todas las enfermedades, siempre y cuando puedan dominar y controlar al animal. En la Fundación Caballo Amigo tratan todo tipo de enfermos: neurológicos (ataxias, espina bífica, lesión medular, esclerosis múltiple…); discapacitados psíquicos (síndrome de Down, síndrome de West); discapacitados sensoriales (sordos, ciegos), personas con riesgo de exclusión social (toxicómanos, alcohólicos), afectados por trastornos de la conducta y del comportamiento (hiperactivos, problemas de concentración y de la memoria); niños autistas, esquizofrénicos y enfermos del aparato locomotor (amputados, luxación congénita de cadera).Científicamente no se han reconocido los beneficios que el caballo aporta. Por eso ningún especialista aconseja estas terapias alternativas. Javier y Ana, los padres de Aarón, también llegaron hasta la Fundación Caballo Amigo por Internet. “Mi hijo sufre una lesión en el área motora del cerebro. El primer día que montó le dio miedo. Desde entonces, cuando le decimos que hoy toca montar a caballo se le ilumina la cara”. Olivia se monta con él porque con tres años todavía no mantiene el equilibrio a los lomos de su caballo. “Simplemente colocando una pegatina en el pelo del caballo y que el niño se estire para cogerla, ya está haciendo terapia”.Tampoco todos los caballos valen. La presidenta de la Fundación Caballo Amigo, Mercedes Jiménez, conoce a la perfección cuáles funcionan. Entrenó al equipo paralímpico de equitación para Sydney 2000 y es codirectora de la formación universitaria de expertos en equitación terapéutica de la Universidad Complutense de Madrid. “Deben ser unos animales dóciles, ni muy grandes ni muy pequeños, bien aplomados, con paso rítmico, pero con un carácter especialmente tranquilo, para que no haya sobresaltos”.Jiménez detalla a El Confidencial cómo los 38 grados de temperatura corporal del caballo relajan los músculos del enfermo y le sirve como valor psicoterapéutico. “El caballo, simplemente con andar, sus impulsos rítmicos mejoran la coordinación y el equilibrio del enfermo, fortalecen la musculatura y mejoran la respiración”, comenta Jiménez. El caballo también es capaz de transmitir un patrón de locomoción tridimensional: “el paso de este animal es parecido al del ser humano. Al montar, el primer objetivo del enfermo es mantener el equilibrio para no caerse”.Una vez conseguida la confianza entre animal y el enfermo, “saber que son ellos quienes manejan y dirigen al animal les eleva la autoestima y la confianza en sí mismos”. Para los niños que viven sentados en una silla de ruedas o personas con la autoestima por los suelos, montarse en el caballo les hace ver la realidad desde otra perspectiva. “Ahora miran desde arriba lo que ocurre alrededor. Es hablar de tú a tú”.Un trabajo en equipo para una atención personalizadaEn la Fundación hacen infinitos juegos para captar la atención de los muchachos. Tampoco entienden terapia sin educación ni investigación. Son los tres pilares sobre los que se sostiene la terapia ecuestre, para que siga avanzando. Un equipo multidisciplinar atiende a los sesenta chicos que ahora mismo acuden a una terapia ecuestre. La familia presenta el expediente médico que explique la afectación del paciente y su estado y, con estos papeles, la médico-rehabilitador valora la situación de los pacientes. “A partir de ahí comenzamos un trabajo en equipo personalizado con cada uno de los enfermos”.En la finca, los niños pasan la única hora de la semana en la que dejan de ser atendidos por sus padrespara convertirse en amos y señores de sus caballos: se convierten en unos cuidadores activos. “Cepillan a su caballo, lo alimentan, lo sacan de la cuadra. Saben que es su responsabilidad y se ocupan del animal y sus cuidados durante toda la hora que dura su entrenamiento”, añade Pablo. A las cinco en punto, Gabriel se baja de los lomos de Tábata a regañadientes. Refunfuña. Se nota que querría pasar la tarde entera ahí arriba, jugueteando con Olivia, acariciando a su caballo, riéndose ante la cámara. Cada vuelta que da llama la atención de su mamá, insinuándole algo así como que él, encima de Tábata, es un niño plenamente feliz.Publicado en: ElConfidencial.com

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