Sábado 01 de Octubre del 2016
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El FMI apoya el control de capitales


El apoyo del FMI al control de capitales marca el fin de una era.En el mundo de la economía, las revoluciones ocurren rara vez y muchas veces sólo se las detecta a posteriori. Pero lo que sucedió el 19 de febrero puede llamarse el fin de una era en las finanzas globales. Ese día, el FMI publicó una nota sobre políticas, que revirtió su postura de larga data en materia de controles de capital. Los impuestos y otras restricciones a los ingresos de capital, escribieron los economistas del FMI, constituyen una “parte legítima” del juego de herramientas de los estrategas políticos.En un redescubrimiento del sentido común que había eludido al Fondo durante dos décadas, el informe observaba: “La lógica sugiere que los controles sobre los ingresos de capital, cuando están designados correctamente, podrían complementarse de manera conveniente” con otras políticas. Hasta noviembre, el director gerente del FMI, Dominique Strauss-Kahn, había echado agua fría a los esfuerzos de Brasil por frenar los ingresos de “dinero caliente” especulativo y había dicho que no recomendaba ese tipo de controles “como una prescripción estándar”.La nota sobre políticas de febrero es un cambio de rumbo -lo más cerca que puede llegar una institución de retractarse sin decir: “Lo siento, echamos todo a perder”. Pero establece un paralelo con un giro general en la opinión de los economistas. La nota sobre políticas del FMI deja en claro que los controles a los flujos financieros transfronterizos no sólo pueden ser deseables, sino también efectivos. Esto es importante porque el argumento tradicional de último recurso contra los controles de capital ha sido que no se puede lograr que perduren. Los mercados financieros siempre burlan a los estrategas políticos. Aun si fuera cierto, evadir los controles exige incurrir en costos adicionales para desplazar fondos.Una justificación para los controles de capital es impedir que los ingresos de dinero caliente fortalezcan excesivamente el valor de la moneda local, socavando así la competitividad. Otra es reducir la vulnerabilidad a cambios repentinos en el sentimiento de los mercados financieros, que puede causar estragos en el crecimiento y en el empleo. A su favor, el FMI no sólo reconoce esto, sino que también ofrece pruebas de que los países en desarrollo con controles de capital resultaron menos perjudicados por las derivaciones de la crisis de las hipotecas.El cambio de espíritu del FMI es importante, pero deben tomarse más medidas. No sabemos mucho sobre cómo diseñar regímenes de control de capital. El tabú asociado a los controles de capital ha desalentado el trabajo orientado a las políticas que ayudarían a los gobiernos a gestionar los flujos de capital. Existe investigación empírica sobre las consecuencias de los controles de capital en países, como Chile, Colombia y Malasia, pero poca investigación sistémica sobre el menú apropiado de acciones.Los mercados emergentes han recurrido a una variedad de instrumentos para limitar la toma de crédito del sector privado en el exterior: impuestos, requerimientos no remunerados de reservas, restricciones cuantitativas y persuasión verbal. En vista de la naturaleza sofisticada de los mercados financieros, el demonio se esconde en los detalles y lo que funciona en un contexto no funcione bien en los demás.El FMI debería ponerse a trabajar en el desarrollo de lineamientos sobre qué tipo de controles funcionan mejor y en qué circunstancias. El FMI les ofrece a los países asistencia técnica en una amplia gama de áreas: política monetaria, regulación bancaria y consolidación fiscal. Es hora de sumar a la lista la gestión de la cuenta de capital.El próximo objetivo loable es un impuesto a las transacciones financieras. Un impuesto de esta naturaleza, fijado en un nivel bajo -0,05% es una tasa que se menciona-, permitiría recaudar cientos de miles de millones de dólares por bienes públicos globales al mismo tiempo que desalentaría las actividades especulativas a corto plazo.Cada vez son más lo que respaldan un impuesto a las transacciones financieras globales. Un grupo de ONG lo ha rebautizado el “impuesto Robin Hood” y ha lanzado una campaña global para promoverlo, que incluye un videoclip protagonizado por el actor británico Bill Nighy ( www.robinhoodtax.org ). La Unión Europea respaldó el impuesto e instó al FMI a implementarlo. El único que se demora en acceder es EE.UU., donde el secretario del Tesoro, Tim Geithner, dejó bien en claro su disconformidad con la propuesta.Lo que hizo que las finanzas resultaran tan letales en el pasado fue la combinación de las ideas de los economistas y el poder político de los bancos. La mala noticia es que los grandes bancos retienen un importante poder político. La buena noticia es que el clima intelectual ha virado decisivamente en su contra. Esquilada del respaldo de los economistas, a la industria financiera le resultará mucho más difícil impedir que el fetiche de las finanzas libres sea arrojado al papelero de la historia.0,05 % Tasa a la transacción financieraEs la alícuota del impuesto a los movimientos internacionales de capitales que proponen desde las ONG hasta la UE.Dani RodrikEl autor es profesor de Economía Política de la Universidad de Harvard Publicado en: La NaciónPublicado en: La Nación

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