Jueves 29 de Septiembre del 2016
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Crear un banco de microcréditos, supervisado por las autoridades monetarias


Ser pobre es muy caro.“Michael Chu, uno de los principales expertos mundiales en microcréditos, es un ciudadano del mundo: nació en China, se crió en Uruguay -cuya nacionalidad ostenta-, estudió en Harvard -donde da clases- y viaja por todo el mundo, especialmente por Latinoamérica. En Barcelona ha participado en las jornadas Mercado, pobreza y negocios inclusivos, en la escuela de negocios ESADE.El asesor de bancos para pobres cree que contra el hambre no basta el microcrédito.El almuerzo lo sirve una empresa de restauración sostenible, que para Chu es el mejor ejemplo del tipo de proyectos sobre los que trabaja: atender desde el sector privado las necesidades de las capas con menos ingresos de la población, “que representan el 75% de la población”.”Ser pobre es muy caro”, asegura, y pone el ejemplo de una mujer que vendía camisas en un mercado de Lima a la que preguntó si tomaba dinero prestado para financiar su negocio. Sí, le dijo, a veces pedía 100 dólares (73,5 euros) a un vecino. “¿Y cuánto le cobra?”, indagó Chu. “Poco”, respondió, “se lo devuelvo en dos días, los 100 y dos dólares más”. Chu hace una pausa, se zampa una croqueta, toma un sorbo de vino y exclama: “¡Un interés de un 3.000%!”.Este hombre de negocios que trabajó en Wall Street y como directivo de grandes empresas, ahora se dedica a crear y asesorar bancos especializados en microfinanzas y empresas para satisfacer la demanda de las capas más desposeídas. “Los microcréditos”, explica, “nacen a finales de la década de 1970 de la labor de las ONG, concediendo pequeños préstamos de 150 o 200 dólares [110,4 o 147 euros]. Tuvieron éxito, sus clientes devolvían el dinero y su volumen creció, tanto, que los bancos que prestaban el dinero a las ONG no pudieron seguir haciéndolo porque superaba el porcentaje de los activos permitidos por el regulador para clientes insolventes, porque eso es lo que son los pobres”.La solución era crear un banco de microcréditos, supervisado por las autoridades monetarias. “En 1992 se creó el Banco Solidario de Bolivia, el precursor, y tuve el privilegio de ayudar a fundar otros más, que hoy son los bancos más rentables y solventes de sus respectivos sistemas bancarios”. Hoy, calcula Chu, el volumen global de las microfinanzas en todo el mundo supera los 10.000 millones de dólares (7.357 millones de euros), de los que 4.000 (2.943) corresponden a América Latina.Chu habla y habla, y hay que insistirle en que coma algo de un almuezo ya de por sí frugal. Pero los microcréditos se imponen sobre el embutido y las aceitunas. “Se necesita movilizar un pequeño arsenal que incluye salud, educación, vivienda, servicios básicos (agua y energía) y también servicios como seguros, porque ¿quién tiene mayor necesidad de manejar su riesgo que los pobres?”. La primera inversión de uno de los fondos que ha creado, Ignia, ha sido en Primedic, que por menos de 100 dólares (73,5 euros) al año ofrece acceso ilimitado a atención primaria médica. Chu no está en absoluto en contra del sector público, que debería asumir esta labor, pero que no lo hace o lo hace mal. “Los modelos comerciales son esenciales en un entorno donde el sector público se enfrenta a tantos desafíos y tantas complicaciones para ser un agente efectivo en proporcionar bienes y servicios para la gente pobre. En los países en desarrollo el rol del sector privado cobra una importancia tremenda”. Ni rastro de un postre.Entrevista publicada en: El País

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