Viernes 30 de Septiembre del 2016
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Campaña de la Fraternidad de los Obispos del Brasil


Economía centrada en la vida.
Opinión de Frei Betto

El tema de la Campaña de la Fraternidad 2010, promovida por la Conferencia de Obispos del Brasil (CNBB) y el Consejo Nacional de las Iglesias Cristianas del Brasil (CONIC), es “Economía y Vida”. Presentada el Miércoles de Ceniza, la campaña tiene como lema el versículo del evangelio de Mateo: “No se puede servir a Dios y al dinero” (6,24).
En plena crisis del sistema capitalista, que amenaza las finanzas de varios países, el tema escogido por obispos y pastores cristianos es  de suma actualidad en el año en que los electores brasileños deberán escoger a sus nuevos gobernantes. La economía, palabra que deriva del griego oikos + nomos, ‘administración de la casa’, no debiera ser encarada bajo la óptica de la maximización del lucro, sino del bienestar de la colectividad.
La Campaña de  la Fraternidad tiene como objetivo sensibilizar a la sociedad acerca del valor sagrado de cada persona que la constituye; criticar el consumismo y superar el individualismo; enfatizar la relación entre fe y vida, a través de la práctica de la justicia; ampliar la democracia basada en metas de sustentabilidad.

Eso significa “denunciar la perversidad de todo modelo económico que busque, en primer lugar, el lucro, sin importarle la desigualdad, la miseria, el hambre y la muerte; educar para la práctica de una economía de solidaridad; aunar a iglesias, religiones y sociedad para realizar acciones sociales y políticas que miren a la implantación de un modelo económico de solidaridad y justicia”.

El documento reconoce que “un buen número de brasileños, en la última década, salió del estado convencionalmente definido como de pobreza, pero el Brasil confirma hoy la realidad de enorme desigualdad en la distribución de los ingresos y elevados niveles de pobreza. Según el Instituto de Estudios del Trabajo y Sociedad, en el 2007 existían en el Brasil 10.7 millones de indigentes (o sea de hambrientos) y 46.3 millones de pobres (o sea sin acceso a la satisfacción de las necesidades básicas: alimentación, vivienda, vestuario, higiene, salud, educación, transporte, recreo, entre otras), considerando el valor de los bienes en cada apartado analizado”.

La parcela de población brasileña que vive en estado clasificado, técnicamente, como de extrema pobreza continuará siendo indigente, pues no conseguirá, en general, romper ese círculo vicioso, a no ser que la sociedad se organice de otro modo, colocando por arriba de los intereses del mercado al ser humano.

A la raíz de la desigualdad social está la concentración de tierras rurales en manos de pocas familias o empresas. Cerca de un 3 % del total de las propiedades rurales del Brasil son latifundios, o sea tienen más de 1,000 ha. y ocupan el 57 % de las tierras cultivables, según el Atlas Hacendario del INCRA. Es como si el área ocupada por los estados de São Paulo y Paraná juntos estuviese en manos de los 300 mayores propietarios rurales, mientras que 4.8 millones de familias sin tierra estuvieran a la espera de un trozo de terreno para sembrar.

La lógica económica que predomina en la política del gobierno insiste en elevar los intereses para favorecer el mercado financiero y perjudicar a los consumidores. Basta decir que el gobierno federal gastó en el 2008, con la deuda pública, el 30.57 % del presupuesto de la nación para sanear la especulación financiera. Y apenas el 11.73 % entre salud (4.81 %), educación (2.57 %), asistencia social (3.08 %), vivienda (0.02 %), seguridad pública (0.59 %), organización agraria (0.27 %), saneamiento (0.05 %), urbanismo (0.12 %), cultura (0.06 %) y gestión ambiental (0.16 %).

Y en el Brasil quienes pagan más impuestos son los pobres, pues el 10 % de los más pobres de la población destinan el 32.8 % de sus escasos ingresos al pago de impuestos, mientras que el 10 % de los más ricos apenas pagan el 22.7 % de impuestos.

La Campaña de la Fraternidad invita a los fieles a reflexionar sobre la contradicción de un sistema económico bipolarizado entre ciudadanos interesados en satisfacer sus necesidades y deseos, y ejecutivos y agentes financieros en busca de la maximización de sus ganancias. Una parcela importante de la moderna economía capitalista es meramente virtual, actúa a través de voluminosos movimientos de capital, no genera bienes ni productos en beneficio de la sociedad, apenas sirve para el enriquecimiento de unos pocos con el fruto de la especulación financiera.

El ciclo de la moderna economía política se cierra en un mundo autosuficiente, indiferente a cualquier consideración ética sobre la vida humana y la preservación de la naturaleza. La evolución de la historia, la miseria en que vive gran parte de la humanidad, ponen en cuestión el rigor y la seriedad de esa ciencia y la bondad de las políticas económicas orientadas más al crecimiento y a la acumulación de riqueza que al verdadero desarrollo sustentable.

La CNBB y el CONIC proponen la realización de un plebiscito el próximo 7 de setiembre -día de la Independencia del Brasil y día del Grito de los Excluidos- en pro del límite de propiedad de la tierra y de la soberanía territorial y alimentaria. Es necesario que tengamos leyes que limiten el tamaño de las propiedades rurales en el Brasil, de modo que se eviten los latifundios improductivos, el éxodo rural, el trabajo esclavo y la explotación de la mano de obra migrante, como sucede en las plantaciones de azúcar.

El Evangelio, al contraponer el servicio a Dios y al dinero, apela a nuestra conciencia: ¿las riquezas resultantes de la naturaleza y del trabajo humano se destinan al bienestar de toda la humanidad o a la apropiación privada de unos pocos que, en los nuevos templos llamados bancos, adoran a Mammón, el ídolo que trae felicidad a la minoría que se nutre del sufrimiento, de la miseria y de la muerte de la mayoría?

Frei Betto
Escritor y asesor de movimentos sociales. Autor de “Calendario del poder”, entre otros libros


En Positivo no se identifica necesariamente con las opiniones publicadas que reflejan el pensamiento del columnista excepto, cuando los editoriales o artículos son firmados por la propia redacción.

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