Jueves 29 de Septiembre del 2016
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Profesionales que ayudan


Ayudar desde la profesión.Experiencias de personas que se hacen el tiempo para, a través de sus conocimientos, mejorar la calidad de vida de los más necesitados. Actualmente, el 28% de los voluntarios tienen estudios universitarios.Jorge Eiras, de 39 años, vestido con traje impecable, presenciaba apartado en su silla la entrega de diplomas del secundario a jóvenes en situación de vulnerabilidad, que logran recibirse gracias a los incentivos de la Fundación Reciduca, hasta que una voz lo sobresaltó.”Quiero conseguir un trabajo”, le dijo una niña de ojos negros que llevaba el diploma bajo el brazo.A partir de ese día, Eiras, administrador de empresas de la Universidad de San Andrés, empezó a aplicar toda la capacitación de primer nivel que recibió durante sus años de formación para mejorar las posibilidades de inserción laboral de estos chicos que logran graduarse. Este trabajo lo llevó adelante desde la Red de Asesoría Empresarial Voluntaria de NESsT, que está integrada por 25 ejecutivos de alto rango de las distintas empresas, que donan su tiempo y su capital intelectual asesorando y aconsejando a las ONG que participan del Fondo Nido de NESsT. Estos profesionales ofrecen su capacidad para cambiar realidades con el firme convencimiento de que deben hacerse responsables de los otros.”Colaborar en este proyecto me hace sentir bien, por eso trato de contagiar el entusiasmo a otros”, dice Eiras, que desde muy pequeño absorbió la pasión por ayudar de su madre que fundó una ONG para ayudar a personas con discapacidad.Su testimonio invita a otros profesionales a inclinarse por actividades solidarias, fenómeno que si bien está en aumento, todavía está lejos de ser popular. Según el informe El voluntariado en Argentina (2008) de TNS Gallup, sólo el 28% de los voluntarios en nuestro país tienen estudios universitarios.En la medida que las personas estén más cualificadas van a tener mejores herramientas para realizar sus tareas solidarias. Estos profesionales brindan asistencia importante e incluso imprescindible “desde un bagaje de conocimientos y experiencia que permite que su aporte sea más efectivo, más oportuno, sin mitos ni miedos, y asegurándose de realizar su trabajo con la mayor objetividad posible”, reflexiona Oscar García, profesor de Voluntariado en la Universidad de San Martín.Organizaciones de la sociedad civil de todo el país movilizan una masa de recursos humanos, voluntarios y rentados, que alcanza a 1,8 millones de colaboradores, según el Indice de Desarrollo de la Sociedad Civil del Grupo de Análisis y Desarrollo Institucional y Social (Gadis). Entre 2000 y 2002 se pudo ver un gran incremento de voluntarios, producto de la crisis económica y social alcanzando un pico de 32% hacia fines de 2002. De allí en más, con la normalización de la situación, el trabajo voluntario disminuyó llegando al 19% en 2008, según datos de TNS Gallup. A pesar de esta tendencia decreciente, los expertos coinciden que hay más voluntarios profesionales que hace diez años. Hacerse el tiempo Los profesionales suelen tener sus agendas demasiado ocupadas, correr de un lugar a otro, ir de reunión en reunión y vivir con su oreja pegada al teléfono celular. A pesar de esto existen médicos, arquitectos, abogados e incluso otros profesionales de carreras no tradicionales que encuentran un hueco para brindarles su ayuda a las personas más necesitadas desde lo que saben.Este es el caso de Gerardo Perazzo, que atiende sin pausa en el hospital Vélez Sarsfield a todos los pacientes que forman largas colas en un día sofocante de calor. Sin embargo, vestido con delantal blanco y con una sonrisa cálida, él atiende en sus horas de descanso a Patricia, que se acercó a la Red Solidaria de Profesionales de la Salud para recibir la atención que necesitaba.”Mi primer contacto con esta red fue hace unos años cuando me encontraba anímica y psicológicamente mal. No podía comer, vivía un momento de mucho estrés por las sucesivas cirugías que había tenido en mi ojo derecho”, dice Patricia con seriedad y agrega: “Gracias a la contención de los médicos pude volver a comer y me recuperé”.La Red Solidaria de Profesionales de la Salud es un grupo de 6200 voluntarios entre médicos, enfermeras y administrativos que canalizaron más de 195.000 consultas durante 2009. “Nuestro compromiso es atender gratuitamente a las personas sin recursos, pero de una manera integral, tanto física como psicológica y espiritualmente”, dice Justo Carbajales, presidente de la organización. La propuesta comenzó en 1994 cuando cuatro médicos y una kinesióloga con un compromiso católico se pusieron de acuerdo para ayudar al prójimo.”Hay un libro con la base de datos de todos los médicos de la red, y según el pedido específico de la persona se lo deriva con el especialista, en la región del país donde se encuentre”, explica Carbajales. En general, las personas que se acercan son de muy bajos recursos que por diversos motivos no fueron bien atendidas en los hospitales públicos. Puede ser por la distancia, las dificultades con su obra social o porque no estaban evolucionando bien. Los médicos de la red atienden en sus propios consultorios o en las salas de los hospitales. Un buen motor En América latina, según los estudios del Centro para el Desarrollo Social de la Universidad de Washington en St Louis (2004) hay una intensa y creciente actividad de la sociedad civil que está apoyada en el voluntariado. “El voluntariado implica generar asociatividad, significa madurez cívica, y las organizaciones voluntarias tienen su pilar de apoyo en la confianza mutua entre sus integrantes”, explica Bernardo Kliksberg en el libro que publicó junto a Amartya Sen, Primero la gente .Así lo demuestran Agustín Algorta e Ignacio Pinto, dos jóvenes directores de la entidad Un techo Para Mi País convencidos de que el motor de su organización son los voluntarios. “Tenemos 500 personas solidarias fijas y después existe una órbita esporádica que está en el orden de los miles”, relata Algorta.”En la Universidad te forman de una manera más guiada y no tan enfocada en las necesidades del país. Yo soy ingeniero industrial y me educaron para salir a trabajar en una multinacional”, comenta Pinto, que explica que a partir de su experiencia en Un Techo cambió su forma de pensar y ver el mundo, enfocándose desde el lugar del otro. “Buscamos comprometer a la juventud y formar líderes con vocación social. Que conozcan la realidad, y el día de mañana cuando tengan que tomar una decisión sepan elegir con conciencia”, finaliza Pinto. Otra lógica Armado con un medidor de distancia láser, cámara de fotos, calculadora, lápices negros, carpeta y otros instrumentos de trabajo, Hernán Céspedes ingresa al barrio 22 de Enero de La Matanza dispuesto a mejorar las condiciones habitacionales de personas de escasos recursos. Sin embargo, su trabajo es más complicado ya que debe convencer, junto a otros seis arquitectos voluntarios de la ONG Hábitat para la Humanidad, que lo que él propone es lo mejor para las personas del barrio. Esto requiere otro conocimiento además del puramente técnico.”Lo gratificante de ser voluntario viene después. Al principio las personas tienen miedo de lo que uno les está proponiendo, pero cuando ven que abren una canilla y sale agua caliente, y abren la otra y sale agua fría, sus rostros de felicidad y asombro lo dicen todo”, sostiene Céspedes, con una mueca de satisfacción.Los profesionales consultados coinciden en que hay cosas que se aprenden específicamente a partir de las tareas de voluntariado, y esto sucede porque su lógica es diferente a la rentada. “Para empezar, no reciben remuneración por la tarea; hay un cambio de contexto con respecto al lugar desde donde realiza
n la labor, y además, en las tareas de voluntariado se experimenta una horizontalidad en las relaciones humanas, que constituye un aprendizaje muy fuerte para los profesionales”, explica García.Céspedes cuenta que durante sus años de estudio soñaba con consagrarse construyendo grandes obras en Puerto Madero. “En Hábitat aprendí que los asentamientos en barrios humildes tienen el mismo nivel de complejidad que cualquier torre de esos lugares”, reflexiona hoy Céspedes, a la vez que agrega que las ganas de ser voluntario surgieron a partir de ver tantas familias en la provincia de Buenos Aires que construían sus casas, gastando más plata y tiempo de lo necesario al no contar con la correcta asesoría técnica.Un dato esperanzador en el afán de multiplicar la ayuda profesional es que es más frecuente el voluntariado en las personas que trabajan (17%) que en las que no trabajan (12%), según el mismo informe de TNS Gallup. Esto podría indicar que las personas que se desarrollan laboralmente sienten que tienen algo valioso para dar.Así lo vive, Laura Palacio de Andrieu, psicóloga que realiza tareas de voluntariado en la Fundación Argentina para la Salud Mental (Fasam), además de trabajar en su consultorio particular, donde obtiene los ingresos para vivir. “En Fasam atendemos consultas por un bono contribución de 60 pesos. De todos modos, la tarifa depende de las posibilidades del paciente”, dice Palacio de Andrieu. Por ejemplo, en la institución hay una paciente de escasos recursos que abona el precio de un boleto de colectivo e incluso una familia de panaderos que como no tiene con qué pagar, abona pan a cambio.En Fasam son alrededor de 40 profesionales entre psicólogos y psiquiatras, que atendieron más de 400 casos en el último año por depresión y psicosis, entre otros. La mayoría de las personas que se atendieron no contaba con el dinero suficiente para pagar un profesional en otro lugar. “Además de aprender mucho, lo hago por una cuestión de solidaridad, cosa que me hace sentir muy bien”, cuenta Palacio de Andrieu. De la idea a la acción Según el estudio de TNS Gallup existen cerca de 8 millones de argentinos que si bien no son voluntarios se muestran interesados en serlo. Quizá no encontraron todavía el tiempo, una temática que los movilice o una ONG que necesite de sus conocimientos. Pero sin duda son un caldo de cultivo interesante para todas las ONG que buscan perfeccionar sus tareas.Facundo Garayoa es un ingeniero mecánico que formaba parte de ese universo, hasta que decidió convertir en realidad sus deseos y fundó el Fondo de Becas (Fon-Bec).Esta entidad tiene como misión vincular a personas que buscan ayudar a otras y tiene presencia en ocho provincias. Con un procedimiento de padrinazgo individual, la organización implementa un sistema de becas para alumnos con alto rendimiento académico y voluntad de formarse, que a su vez tienen en riesgo la continuidad de su formación debido a problemas económicos. Hoy son más de 650 los jóvenes becados.En este momento están en la búsqueda de una beca para el doctorado de Damián, uno de los primeros en recibirse de magister en Ciencias Químicas. “Y pensar que Damián estaba por dejar su carrera universitaria porque le faltaban 40 pesos para el colectivo”, dice por lo bajo Garayoa.Cerca de 115 son los voluntarios activos que trabajan en la fundación, esto representa el 97% de los recursos humanos de la entidad. “Entre ellos se destacan tres características fundamentales: constancia, compromiso y profesionalismo -sostiene Garayoa, que había tenido varias experiencias de tareas voluntarias previas-. Cuanta más trayectoria tenés en ayudar, más se despierta el compromiso de seguir.”Según García, el voluntariado es una relación beneficiosa para todos los involucrados. “Existe un doble juego: por un lado, el voluntario le aporta algo a la comunidad y, al mismo tiempo, se lleva nuevos conocimientos que de alguna forma resignifican su entrega y nutren su profesión”, dice García.Estas nuevas aptitudes académicas y emocionales son las que incorporan cada semana los 24 profesionales que ofrecen un servicio gratuito a las personas carentes de recursos en el consultorio del Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires. “Nosotros creemos que nuestra profesión requiere una preocupación por el acceso amplio a la justicia, y esto incluye a cualquier persona, independientemente de su capacidad económica”, explica Enrique del Carril, presidente del Colegio.El consultorio atendió a más de 600 personas que no contaban con el dinero necesario para costear las consultas en un estudio jurídico privado en 2009. “Desde su fundación en 1913 el Colegio de Abogados continúa con su compromiso de escuchar y asesorar las inquietudes más diversas, desde asuntos de familia, temas de propiedad hasta jubilatorios, entre otros”, agrega del Carril.En la mayoría de los casos, el problema se soluciona en la consulta. Pero en el 20% restante implica una defensa de un abogado que lo acompañe durante el proceso. Ahí, las personas son derivadas a la comisión de patrocinio del Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires, donde hay otro grupo de abogados que se ofrece a tomar estos casos sin ninguna forma de pago a cambio.Actualmente funciona todos los días hábiles desde las 19, en Montevideo 640 (Capital Federal), donde siempre van a encontrar un abogado bien dispuesto. Ofrecer un oficio Un carnicero, un artista, un bicicletero, una veterinaria, un carpintero, y la lista continúa. Cualquier actividad humana o conocimiento puede ofrecerse a los demás de forma voluntaria. El único requisito es que tengan ganas de hacer algo por el otro.A modo de ejemplo se puede mencionar a Marcela Fernández Bustelo, cineasta que se disfraza de payaso para documentar de forma voluntaria toda la obra de Payamédicos, ONG que reúne a un grupo de personas que contribuye a la salud emocional de los pacientes hospitalizados, utilizando recursos psicológicos y artísticos vinculados con el juego, la música, el teatro, la técnica de clown, la magia y el arte humorístico en general.”El voluntariado más que un sentimiento es una elección de vida. Una actitud frente a las cosas”, dice Fernández Bustelo.A medida que el proyecto fue creciendo decidieron dictar talleres de Paya-documentalistas para que más personas pudieran documentar el trabajo de Payamédicos en otros hospitales.No sólo hay personas interesadas en ayudar, sino que hay ONG esperando gente capacitada dispuesta a ofrecer su tiempo. La red global de idealistas.org, es un lugar hecho a medida para buscar oportunidades de voluntariado y también ofrecerse como voluntario. Hubo alrededor de 120 pedidos de voluntarios de parte de ONG, de los cuales casi el 30% exige profesionales. Entre los más buscados se encuentran traductores, diseñadores y comunicadores.En un país como la Argentina donde se crea una ONG por día, según datos de la Inspección General de Justicia, y que tiene además un alto tejido asociativo (cantidad de ONG por habitantes), existe una gran necesidad de recursos voluntarios de calidad. “Estos datos son una prueba de que todavía hay mucho techo para crecer en cantidad de voluntarios”, dice García. En este sentido, la Argentina aún está atrasada con respecto a otros países, como lo muestra la encuesta internacional de TNS Gallup que en términos de incidencia de voluntariado ubica a nuestro país en el puesto 46 de un total de 69 países.”Muchas veces se critica al voluntariado porque se dedica a tareas asistenciales. Sin embargo, el voluntariado asistencial fue siempre necesario. Tanto en la crisis de 2001 como en los años posteriores, y también lo es en la actualidad. A pesar de las críticas, este tipo de voluntariado va a ser cada vez más fuerte”, concluye García.Todas las personas consultadas coincidieron en que el recuerdo de vivir una experiencia movilizadora de voluntariado, los impulsó a participar en otras iniciativas solidarias. En esta misma línea, el 91% de los voluntarios declaró estar muy o bastante satisfecho con las actividades r
ealizadas, según TNS Gallup.Para García, una buena manera de incentivar este tipo de actividades es la inclusión de prácticas solidarias en las escuelas medias y las universidades. De esta forma se sensibiliza a los jóvenes que en un futuro podrán ser profesionales voluntarios.”Si la persona vivió lo que significa ser voluntario, sabe que eso siempre le va a hacer bien”, dice García.El desafío es que el voluntariado deje de ser una palabra de crucigrama, y que cada vez más profesionales se sumen a las organizaciones para mejorar la realidad social.Publicado en: La Nación

2 comentarios

  1. Marcelino Lucio Benitez Domiguez Responder

    Muy interesante la lavor social les felicito, les saluda el señor Marcelino Lucio Benítez Domínguez, soy una persona con discapacidad que se desempaña en el ámbito deportivo, a raíz de las pocas oportunidades laborales que tengo forme una asociación de nombre. ONG. De Escuela Deportiva de Apoyo Social, con siglas ONG. EDAS, la misión de nuestra asociación es aportar en la educción de los niños(as) y jóvenes por medio del deporte. Sabemos que la práctica deportiva ayuda a mejorar la salud física y mental, es por ello que queremos desarrollar nuestro proyecto que cubra el tiempo libre del niño y del adolecente en sus tiempo, para que en el futuro sean personas de bien.Sabemos que nuestra población es amante del fútbol y voleibol, que aglomera multitudes en la práctica de estos deportes. La verdad que tengo poca experiencia en el manejo de asociaciones yo siempre me he desempeñado en formar y promocionar talentos (en la actualidad mis ex alumnos están defendiendo los colores de nuestro país en la disciplina de tenis), por esta razón acudo a usted para nos ayude en el funcionamiento de nuestra asociación.Disculpe nos si le molestamos con nuestro atrevimiento, pero nos gustaría que nos ayude con alguna idea y si pudiera asesorarnos seria bueno, o recomendarnos alguna institución o persona que nos pueda apoyar.Muchas gracias y buenas vibras.Atte.Marcelino Lucio Benítez DomínguezPresidenteONG. EDAS

    1. Jorge Dobner Responder

      Le sugiero que se ponga en contacto con estas webs que le adjunto ya que ellos tienen una organización eficaz con varias webs, apoyo de instituciones y pueden asesorarlo.Suerte!!!http://www.canalsolidario.orghttp://www.solucionesong.orghttp://www.hacesfalta.org/

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