Sábado 01 de Octubre del 2016
Google+ Pinterest
sponsors 1; 2; 3; 4

Lo que se consiguió en Copenhague


Copenhague: mejor es mirar el vaso medio lleno.
Opinión de Ricardo Lagos

Hacer el inventario de las decepciones es paralizante. Conviene evaluar lo que se logró y cómo conseguir metas mayores.
Hay dos razones para hablar de la Cumbre de Copenhague sobre cambio climático, aunque algunos piensen que ya se ha dicho bastante. Allí hubo un acuerdo político entre los principales países del mundo, del cual la Conferencia tomó nota y que será la base para tener un nuevo protocolo para el 2012 cuando expire el de Kyoto. Para lograrlo, será México, con toda su habilidad para conducir conferencias internacionales, el país responsable a fines de este 2010 de llevarnos más allá de lo logrado en Copenhague.

Hacer el inventario de las decepciones por los resultados de esa Cumbre puede ser un ejercicio entendible y justificable. Pero es una práctica paralizante. Mejor es ver lo que tenemos y cómo seguir, teniendo clara la urgencia de las metas mayores.

La primera constatación es política: el cambio climático y sus consecuencias al elevar la temperatura del planeta es tal vez el hecho “nuevo” más relevante en la primera década de este siglo XXI. Tuvo razón el Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, cuando lo colocó como el número uno de su agenda al asumir el cargo en 2007.

Para los 130 Jefes de Estado que llegaron a Copenhague -más allá de sus decepciones- quedó claro que el tema se instaló en la agenda internacional y definirá la capacidad del ser humano para tratar un problema global y complejo. Aquí los países deben dejar de lado parte de su soberanía porque todos saben que este fenómeno no reconoce fronteras y las soluciones cabe adoptarlas colectivamente.

La reunión no produjo un nuevo acuerdo para después de Kyoto. No se ha llegado aún a un acuerdo que esté a la altura de lo dicho por los científicos. Pero sí está claro -y lo digo tras vivir de cerca ese debate- los jefes de Estado y de Gobierno ahora están de acuerdo que, en el largo plazo, se debe limitar la temperatura global del planeta para que aumente como máximo 2° Celsius respecto de la que había antes de la Revolución Industrial. Y, según lo que digan nuevas evidencias científicas, volver a revisar esa cifra el año 2015. El tema es de la más alta política e ineludible.

Un segundo logro de proyecciones está en la fuerza que toman los programas nacionales de acción. Los países desarrollados van por sus propios objetivos. Así, los europeos ya anuncian, unidos a Japón, disminuir los gases de efecto invernadero en un 20% respecto de la emisión que esos países tenían en 1990. Estados Unidos, recién acercándose al club de los países ricos dispuestos a hacer reducción de emisiones, dice que puede hacerlo en un 17% respecto del año 2005. Pero también el presidente Obama anuncia que hacia el 2030 las reducciones en Estados Unidos serán similares a aquellas existentes en los países desarrollados de Europa. Todo eso no lo teníamos hasta ahora.

Pero también, por primera vez los países en vía de desarrollo están de acuerdo en llevar a cabo acciones para limitar sus emisiones a través de planes nacionales. Es el avance de naciones antes muy reticentes, como China o India.

Junto a lo anterior, se adoptaron compromisos muy concretos en lo financiero, como señalar la disponibilidad entre el 2010 y el 2012 de US$ 30 mil millones para los países en desarrollo capaces de disminuir sus emisiones. Simultáneamente, avanzar hacia un nivel de US$ 100 mil millones al año a partir del año 2020. Y ello, con efectos directos en la lucha contra la deforestación.

El tercer elemento de vital importancia es la forma como surge ese acuerdo político en Copenhague: guste o no, es consecuencia de un nuevo mapa de las relaciones internacionales. Esa reunión del presidente de los Estados Unidos con el presidente de Brasil, de Sudáfrica y los primeros ministros de China e India es altamente significativa. Ahí estaba más del 50% del total de las emisiones del planeta. Sabemos que sólo Estados Unidos y China producen más del 40% y por lo tanto, se estaba reconociendo una nueva realidad. Luego, tras conversaciones con los europeos la propuesta llegó a la sala, con el respaldo de 28 países. No se aprobó por consenso, pero al final quedó como el único espacio desde el cual seguir construyendo. Y ello, buscando rápidamente radicar el proceso dentro de Naciones Unidas.

Hay entonces un antes y un después de Copenhague porque todos los países han entrado a comprometerse con el planeta, de acuerdo con lo que son sus responsabilidades y todos se han comprometido también a seguir avanzando año en año. Aquí decir “todos” no es un tema menor. Tanto los países desarrollados como en desarrollo tienen que hacer llegar antes del 30 de enero del 2010 a la Secretaría General de la ONU lo que será su compromiso en la reducción de emisiones. Y, conjuntamente, deberán trabajar para alcanzar un acuerdo con obligatoriedad para los distintos países.

En Copenhague surgieron nuevos actores y se vio cómo se darán las negociaciones del mundo en este siglo XXI. Será necesario tener nuevas reglas para ser más efectivos para tomar acuerdos en este tipo de Conferencias y así avanzar en resolver problemas globales que requieren respuestas también globales. Se reconoció la importancia de países que están emergiendo con mucha fuerza y esos países también estuvieron de acuerdo en estar a la altura de sus nuevas responsabilidades.

América latina estuvo presente en ese grupo de 28 países a través de la participación activa de los mandatarios de Brasil, México, Colombia y del Caribe. Ahora el presidente de México tiene una pesada responsabilidad y América latina debiera buscar cómo respaldarlo. Se nos presenta la oportunidad de tomar un liderazgo en las próximas negociaciones teniendo al frente una realidad ineludible: en el siglo XXI los países sólo pueden y deben buscar un desarrollo verdaderamente sustentable. Somos un continente donde aún el verde predomina y ello debe guiarnos sabiendo que en este siglo el desarrollo será sustentable o no será desarrollo.

Ricardo Lagos
Ex Presidente de Chile
Publicado en: Clarín

En Positivo no se identifica necesariamente con las opiniones publicadas que reflejan el pensamiento del columnista excepto, cuando los editoriales o artículos son firmados por la propia redacción.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>