Lunes 26 de Septiembre del 2016
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El cambio climático y nuestra forma de vivir


Copenhague: y ahora que?.La cumbre de la ONU ha terminado y finalmente se ha aprobado un texto de mínimos.El acuerdo, de carácter no vinculante, está muy lejos de las expectativas generadas en torno a la mayor reunión sobre cambio climático de la historia, y no fija objetivos de reducción de gases. Poco o muy poco, es lo que queda de esta cumbre.Que más podemos hacer?, a esta pregunta responde este breve manual para modificar nuestras costumbres e iventar nuevas fromas de consumo.Para los expertos, no hay duda: la única forma de frenar el calentamiento de la atmósfera es cambiar el modo de vida, sobre todo, de las sociedades occidentales. Para los más radicales, ese cambio pasa por el llamado “decrecimiento”. Sin llegar a eso, los moderados reconocen que vivimos en un planeta sobreexplotado, cuyos recursos no bastan para alimentar a la humanidad.Un planeta Tierra y medio es la superficie que necesita la humanidad para obtener los recursos que consume en un año para alimentarse, vestirse, desplazarse, calentarse y absorber los deshechos que produce.Esta imagen, destinada a golpear la imaginación, fue creada y popularizada por la organización no gubernamental Global Footprint Network (GFN). Instalada en 2003 California, GFN calcula cada año la “impronta ecológica” de la humanidad. Es decir, el consumo de recursos comparado a la capacidad de producción y de regeneración media del planeta.Según los últimos cálculos, publicados el 24 de noviembre, esa impronta aumentó 2% entre 2005 y 2006, y 22% en diez años. El origen de esa estampida se debió al aumento de la población mundial y al crecimiento del consumo por habitante.Por esa razón, sea cual fuera el resultado de la cumbre climática de Copenhague, el ser humano tendrá que modificar sus costumbres e inventar nuevas formas de consumo si quiere seguir viviendo, respirando y alimentándose en el planeta.A nivel individual, las formas de lograrlo son numerosas. Al repetido consejo del uso de transportes públicos, en vez del auto personal, los especialistas agregan la generalización de la bicicleta.También se puede ser más o menos eco-sostenible al volante. Por ejemplo, evitando hacer rebajes, apagando el motor en los embotellamientos, usando con mesura el aire acondicionado y, sobre todo, teniendo al vehículo en las mejores condiciones posibles.En un edificio, la mejor opción es subir por las escaleras. En el trabajo, limitar el uso de la impresora. Para producir una tonelada de papel son necesarios 15 árboles, 440.000 litros de agua y 7600 KWh de energía eléctrica. Para ahorrar agua, materia vital para el ciclo de vida orgánico, los especialistas recomiendan la ducha en vez del baño de inmersión.El sector energético es responsable del 64% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero y del 85% de las de CO2. “La energía está en el corazón del problema y debe ser también el núcleo de la solución” afirma el director de la Agencia Internacional de Energía (AIE), Nobuo Tanaka.Las viviendas particulares representan cerca de un tercio del consumo energético nacional: el rubro más importante es la calefacción, seguida por el uso de aparatos electrodomésticos y la iluminación. Las luces que quedan encendidas en computadoras y otros instrumentos electrónicos pueden consumir hasta 400 KWh en un año. Por la noche, es necesario adoptar la buena costumbre de apagar todo.Las energías renovables tendrán un papel clave. No sólo no contaminan, sino que tampoco dependen de importaciones de materias primas. Sólo necesitan factores ambientales como el sol, el viento, el mar o de combustibles autóctonos, como la biomasa. Las bondades del sol Los alemanes están persuadidos de las bondades del sol. Al punto de que la Commerzbank, segundo banco de ese país, acaba de anunciar que se suma al proyecto Desertec, que estudia la construcción de centrales solares en el Sahara a fin de proveer de electricidad a las dos orillas del Mediterráneo, Alemania incluida. En esa tecnología, espejos parabólicos reflejan la luz del sol hacia torres gigantes llenas de un líquido calorífero que, al aumentar de temperatura, hace girar unas turbinas de vapor y produce electricidad.La Fundación Desertec calculó que sería necesario cubrir 0,3% de los desiertos de Africa del Norte para producir energía para toda Europa. En seis horas, las regiones desérticas del planeta reciben más energía que la que consume toda la humanidad en un año, afirma esa organización.Pero la aventura más apasionante en este sentido fue lanzada por el suizo Bertrand Picard, que sueña con un avión solar desde que dio la vuelta al mundo sin escalas en aerostato en 1999. El 6 de noviembre, el Solar Impulse , un avión que funciona con energía solar, cuya envergadura equivale a la de un Airbus A340 (63,40 metros), pero cuyo peso no es mayor al de un automóvil (1600 kilos), hizo sus primeros carreteos en el aeropuerto de Dübendorf, cerca de Zurich.La superficie de las alas de ese aparato del futuro está recubierta de miles de células fotovoltaicas, que deben alimentar con energía renovable cuatro motores eléctricos dotados de baterías de litio. En el mar, todo sirve: las olas, las mareas, las corrientes e, incluso, las diferencias de temperatura entre la superficie y el fondo.En el espacio, los más audaces planifican centrales solares en órbita y los más lúdicos, ¡barriletes eólicos! En California, la sociedad Makani imaginó que estos barriletes podrían dar electricidad a cinco casas.También se habla de la “geo-energía” que procura refrescar el planeta. Intenta descubrir cómo “manipular” la atmósfera o los océanos para luchar contra un exceso de CO2, en caso de evolución descontrolada del clima.Se estudian dos sistemas. Uno es aumentar el reflejo de los rayos del sol hacia el espacio mediante espejos puestos en órbita. La segunda idea es sustraer el CO2 de la atmósfera, por ejemplo, dispersando en el océano partículas de hierro.En la Universidad de Berkeley (California), los investigadores aseguran que los techos pintados de blanco son capaces de reducir entre 10% y 20% el consumo de aire acondicionado de los edificios, pues el blanco permite reflejar mejor el calor del sol.La idea acaba de ser retomada por el director de la Asociación de Glaciares del Perú, Eduardo Gold, quien propone pintar la cordillera de los Andes de blanco, a fin de detener la licuación de los glaciares.Laura CorradiniPublicado en La Nación.

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