Jueves 29 de Septiembre del 2016
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Ideas, Valores y Actitudes


Jordi Pujol ex Presidente de la Generalitat de Catalunya, un referente de una época y de una raza en extinción de políticos españoles, hace una reflexiones que no sólo son válidas para Catalunya, para España sino para todos los países con voluntad positiva para enfrentar los retos que nos presenta esta nueva era.
Habla sobre cómo con libertad, justicia y eficacia, y con equilibrio entre la persona individual y el bien común, puede funcionar una sociedad.

IVA.
Son tres iniciales bien conocidas que habitualmente significan impuesto sobre el valor añadido.
Hace cuatro años el Centre d´Estudis Jordi Pujol (info@ jordipujol. cat) se propuso profundizar en el estudio del IVA. De ahí que a la pregunta que a menudo me hacen sobre a qué me dedico ahora que no soy presidente contesto que a estudiar el IVA. Lo cual provoca una cierta sorpresa. Poca gente se imagina que Pujol se haya reciclado como fiscalista y que se dedique al estudio del impuesto sobre el valor añadido. La sorpresa dura poco porque enseguida explico que el IVA a que me dedico, y a que se dedica el Centre d´Estudis Jordi Pujol, se refiere a Ideas, Valores y Actitudes. La confusión es breve, pero ayuda a despertar un interés inicial.
Para salir adelante, un país necesita muchas cosas. Necesita buena política. Es un error no dar a la política una gran importancia. Necesita una sociedad bien articulada y equilibrada. Necesita una economía sólida y competitiva. Y muchas cosas más, pero necesita también, en todos los ámbitos, ideas claras, valores sólidos y actitudes positivas. Es más, difícilmente un país tendrá buena política, buena acción social y buena economía si no dispone de este substrato intelectual y ético.

Ideas claras sobre lo que somos, lo que queremos ser, lo que podemos ser, lo que no podemos ser. O, si queremos traspasar nuestros límites habituales con mayor razón, tenemos que tener una idea precisa y bien elaborada de cómo podemos hacerlo.
Ideas claras sobre nosotros mismos. Sobre nuestros activos y nuestros pasivos, sobre nuestra realidad y sobre el mundo en que vivimos.
Valores sólidos. Convicciones firmes. Nunca se ha edificado nada ambicioso y duradero sobre la arena del relativismo.
Actitudes positivas de confianza y autoestima, o en el peor de los casos de voluntad de superación. Actitudes autoexigentes y creativas.
Catalunya ha progresado siempre que ha tenido un proyecto potente, coherente y capaz de ilusionar. Pero para esto necesita un buen nivel de IVA.
En el tema de los valores, ahora está muy de moda hablar de valores líquidos. De valores no sólidos, sino frágiles. No duraderos, sino fugaces. No consistentes, sino blandos y porosos. Con fecha de caducidad a corto plazo. Valores kleenex, como algunos los llaman. Valores de quita y pon. Son ahora los valores más cotizados, incluso ensalzados en amplios sectores de nuestra sociedad. Y un sociólogo polaco de gran prestigio, Bauman, ha teorizado sobre los valores líquidos y ha puesto de manifiesto su predominio en la sociedad actual. Pero su análisis ha sido transmitido erróneamente al conjunto de la sociedad por muchos comentaristas, articulistas, divulgadores… Se ha presentado el certero análisis de Bauman como una valoración positiva de esta situación, e incluso se ha estimulado la adopción de valores líquidos, cuando en realidad Bauman describe una realidad, pero la valora negativamente. Muy negativamente. Porque con valores así no puede haber compromiso. Y sin compromiso firme y duradero no se edifica nada importante.
Y dice, irónicamente, que está rodeado de valores líquidos de rápida caducidad (y que por consiguiente conducen a la rápida caducidad de los compromisos), pero que afortunadamente lleva 53 años casado, y comprometido, con su esposa.
De cuanto antecede se desprende la importancia de valores sólidos en el compromiso. De que una persona o una sociedad asuman un compromiso respecto a un proyecto. Un proyecto de país en el caso de Catalunya.
Por supuesto que un compromiso comporta riesgo. Riesgo de incumplimiento, de incapacidad de mantenerlo. O riesgo de comprometerse con algo que con el tiempo te das cuenta de que no es positivo, odeque es erróneo. Riesgo incluso respecto a uno mismo, a su propia autenticidad o a su propia autoestima. Y riesgo de fracaso. Pero sólo hay una manera segura de no fracasar, que es la pasividad. O la renuncia.
Los valores vividos con autenticidad y espíritu de compromiso se convierten en hábito. No en el sentido peyorativo de acostumbramiento sino en normas de vida. De vida personal y de vida colectiva. No olvidemos que los valores convertidos en estilo y modo de vivir es lo que los clásicos – ya los griegos-llamaban virtudes. O sea, la disposición habitual del ánimo para realizar algo positivo. El hábito del esfuerzo, o de la justicia, o del respeto, o del trabajo bien hecho. O el hábito del afecto a la familia, o al propio país, es decir, el patriotismo, o al prójimo, de la solidaridad. Oel hábito de la empatía, es decir, de la capacidad de comprender. O el hábito de hacer que la propia persona y la propia dignidad sean respetadas.
Y el hábito del ejercicio de la responsabilidad. El hábito de actuar responsablemente. El sentido de responsabilidad es clave para que funcionemos eficazmente y positivamente en lo personal y en lo colectivo. Y a efectos del presente y del futuro.
Por supuesto que los valores comportan deberes. No me refiero a los deberes que impone la autoridad, sino a los que reclama el compromiso personal o colectivo, que son libres, y a los que reclama el proyecto. Que también puede ser personal, aunque ahora me refiero especialmente al proyecto colectivo. Y repito: el compromiso es libre. La adhesión a un proyecto también es libre. Los únicos deberes que hay que cumplir forzosamente son, como decía, los que impone la autoridad legítima. Pero muy a menudo – y por supuesto en el caso de Catalunya-con esto no basta para sacar adelante un proyecto ambicioso de sociedad y de país.
De ahí la necesidad de actitudes estimulantes, constructivas, esforzadas. Actitudes de autoestima. Con toda la dosis que se precise de autocrítica, pero impregnadas de vitalismo. Y abiertas a la esperanza.
Esto no es un sermón moral. Es un discurso político. Es decir, un discurso sobre cómo con libertad, justicia y eficacia, y con equilibrio entre la persona individual y el bien común, puede funcionar una sociedad. Es un discurso sobre el conjunto de ideas, valores y actitudes – es decir, del IVA – que dan coherencia, convicción y energía a la acción de un país.
Publicado en: lavanguardia.es

En Positivo no se identifica necesariamente con las opiniones publicadas que reflejan el pensamiento del columnista excepto, cuando los editoriales o artículos son firmados por la propia redacción.

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